17.Nov.2009 | Publicado por Syd Barredo en Familia, Gente, Tiendas
El pasado sábado me había levantado con la decisión de comprarme las cuatro herramientas justas que todo soltero tiene que tener en su casa para salir de emergencias. Como me quedaba de camino del Ikea, a donde tenía que ir también, me decidí por pasar por Leroy Merlín. Y como no tenía tampoco mucha idea de lo que necesitaba comprar, tuve la brillante idea de invitar a mi padre a que me acompañara.
Para el que no lo sepa, llevar a un hombre de edad avanzada -supongo que lo de edad avanzada engloba desde los cuarenta hasta la jubilación- al Leroy Merlín es como llevar a un niño al Toys’R'us. En cuanto entran por la puerta, te dejan de hablar y empiezan a salivar viendo esos infinitos pasillos con juguetes (herramientas en este caso) a ambos lados -por cierto, qué pasillos tan estrechos tienen, joder!-, y tú tienes que andar espabilado para no perderles mientras corretean. De hecho, mientras estaba allí, por megafonía reclamaron a un tal “Jose Manuel González” -es un poner, del nombre real no me acuerdo-, y estoy por apostar que lo llamaba su familia porque no lo encontraban.
Recuerdo cuando de pequeño iba con mis padres al Alcampo a hacer la compra del mes. Algunas veces me dejaban comprar un GIJOE -supongo que por no soportarme durante la compra- y mientras ellos llenaban el carro me dejaban junto a otros niños mirando para el expositor, decidiendo entre tantos cual sería el que me llevaría ese mes. Pues esa misma sensación fue la que me dió ver a mi padre en el pasillo de los tornillos y las alcayatas, junto a otros hombres de edad similar a la suya, mirando y remirando cada una de las cajitas, comprobando medidas y demás características, y por supuesto comentando y asesorándose los unos a los otros.
Total, que a la hora de pasar por caja, en vez de las cuatro herramientas que tenía pensado comprarme, me tocó pagar 175 euros por un montón de cosas que ni siquiera sé que para que sirven. Para la próxima ya lo sé, como mucho voy a la ferretería de debajo de casa, que tienen una cosa de cada (eso también lo aprendí el sábado) y así luego no hay sorpresas.
Ajá, totalmente cierto! A mi me pasa con mi cuñado, que es 19 años mayor que yo y ya lo noto. En casa no tengo apenas herramientas y él tiene un garaje con todas las pijadas imaginables… así pasa, que cuando necesito hacer algo en mi casa me toca llamarle y que me lo haga él!
Por cierto, ¿apetece un intercambio de links con mi web? Bueno, de momento voy a ver si me hago seguidor tuyo en Twitter, que me ha molado tu blog. Saludos!
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