Las actrices que se ponen morros

18.Nov.2009 | Publicado por Ortega en Cine, Gente, Televisión

Y no lo entiendo, vive dios que no logro entenderlo. Desde que Hollywood es Hollywood, y antes de que Nip Tuck fuese una serie con tirón, las actrices vienen haciéndose arreglillos con el objeto de vencer a la Parca (cinematográficamente hablando). Hasta hace unos años era algo normal, aceptado y a menudo casi imperceptible; nadie en su sano juicio se creería que Sharon Stone se mantiene como está con más de cincuenta tacos a base de pilates y soja, sobre todo cuando las malas lenguas dicen que le gusta más el tequila que a un mariachi en paro; sin embargo, y dado que el resultado, salvo en contadas excepciones, siempre era espectacularmente bueno, pocas eran las críticas que se levantaban ante los retoques quirúrgicos de las divas de la gran pantalla. Tan sólo algunas airadas y envidiosas voces femeninas tendían a elevar altisonantes frases al respecto. Y sí, en esta ocasión se trata de un defecto puramente femenino -le pese a quien le pese-, no creo que nunca hayáis visto a ningún hombre decir sobre George Clooney: “Ya, pero tiene las bolsas de los ojos operadas y su hoyuelo es de silicona“, a todo lo más puede que, a traición, en medio de un visionado de Syriana con la parienta, algún que otro arrojado haya expresado: “Vaya barriga que tiene el Clunei ¿no?“, hombres que sin duda han tenido que pasar largas temporadas durmiendo en el sofá y a los que todos admiramos y estamos agradecidos por decir aquello que todos sabemos y a lo que no nos atrevemos. Ellos son los llamados héroes.

Pero estoy divagando… el caso es que de unos años hacia aquí, y por alguna razón que se me escapa, las actrices de todo el mundo han comenzado a hincharse los morros como si se tratara de colchonetas de playa, y no sólo aquellas que desean destacar unas facciones sosas como la anoréxica mujer de Indiana Jones cuyo nombre soy incapaz de escribir correctamente; sino mujeres que otrora fueran hermosas y envidiadas por su género que hoy día, tras pasar por las manos de un carnicero sin escrúpulos, se parecen más a Krusty el Payaso que a las fotos de su carné de conducir. Tal es el caso de ex-pivones como Lara Flynn Boyle, Nikki Cox, Nicole Kidman o Renee Zellweger -y de Esther Cañadas mejor ni hablar-, que han pasado de decorar carpetas adolescentes y paredes de talleres mecánicos a forrar el cuarto y mitad de sardinas que te venden en la pescadería.

Y no puedo evitar preguntarme, atribulado, ¿por qué? ¿Existe acaso una razón válida? Puedo creerme que una o dos picasen yendo a operarse con el doctor Nick Riviera; incluso puedo aceptar que, aterradas por la carnicería sufrida y llevadas por ese venenoso carácter femenino, fueran capaces de recomendar el cirujano a todas sus amigas y rivales alegando que el parecerse al Joker con resaca era sintomatología postoperatoria que desaparecería en un par de días. Sin embargo eso podría explicar algunas víctimas del bisturí, no el elevado número de ellas que hay.

¿Puede ser que realmente se vean guapas? ¿Tal vez el éxito entre el gremio masculino de Angelina “morritos” Jolie las ha llevado a pensar que los hombres opinan que los labios son como las tetas, que cuanto más grandes mejor? ¿Acaso lo que quieren es tener la oportunidad de tirarse a Brad Pitt y su nueva barba de Techno Viking? Preguntas, preguntas… por mi parte sólo me queda proponer al avispado lector que utilice con sabiduría los comentarios para enumerar sus propias teorías al respecto. La más bizarra será premiada con una breve reseña en mi próximo artículo.

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