El porno amateur

11.Dic.2009 | Publicado por Ortega en Cine, Entretenimiento

Que no se me malinterprete. Hay algo que quiero dejar claro desde el principio: a mi me gusta el porno. Puede que resulte básico o primitivo, pero la imagen de señoritas despampanantes y apolíneos caballeros zumbando como monos tiene algo hipnótico que me hace difícil apartar la mirada. Lo bueno es que a estas alturas de la película esto es algo ya aceptado y cuando uno confiesa semejante cosa no lo miran como a un maníaco pajillero, aunque haya quien siga pensándolo -claro qué eso me la pela, nunca mejor dicho-. Incluso hay una tendencia en los últimos años a aceptar, finalmente, a según qué porno como arte. Y es que el cine porno, te guste o no, también es cine (¡ojo NSFW!), incluso algunas de las primeras películas mainstream que se hicieron llegaron a presentarse a festivales tan prestigiosos como Cannes o Berlín.

Sin embargo, los nostálgicos y los enteradillos siempre te dirán que con la llegada del video el porno dejó de ser un arte para convertirse en un negocio. Personalmente opino que eso es una gilipollez equiparable a decir que el cine de entretenimiento es sistemáticamente una mierda. El cine, por definición, es una fábrica de ilusiones y fantasías, y como tal no puede tener siempre la mirada puesta en el arte, sobre todo teniendo en cuenta lo abstracto que es dicho concepto. ¿Es arte Salvar al Soldado Ryan? ¿Lo es Blade Runner? ¿Qué hace que una película sea artística? ¿Su guión, la fotografía, unas interpretaciones sobresalientes? ¿Es mejor una película por ser más artística o por ser más entretenida?

En el porno no existen esas diatribas. Lo mires por donde lo mires, el porno es porno, y sus aspiraciones artísticas siempre serán limitadas, aunque no inexistentes -y si no qué se lo digan a Michael Ninn-; siendo su principal objetivo el crear una fantasía en el espectador, la ilusión de un sexo glamouroso, cargado de cuerpos esculturales y acciones acrobáticas que desafían la gravedad. Sus detractores dicen que dicha ilusión es mala y que genera falsas espectativas, claro que suele ser la misma gente que teme que sus hijos se líen a tiros en la escuela tras ver La Jungla de Cristal. Al igual que en el cine convencional, puede que haya gente que no sepa distinguir la ficción de la realidad, pero creo que por mucho porno que vea nadie se creerá nunca en la vida real que la enfermera va a tomarle la tensión de ese modo tan especial, y decir que sobre esto ya hicieron un fantástico episodio en Friends a finales de los 90.

Sin embargo el porno amateur se gesta de la voracidad exhibicionista que adorna nuestra raza humana. Al contrario que los honrosos experimentos underground que cualquiera con amor al cine realiza cuando tiene la primera betacam en sus manos y reúne a un grupo de colegas para rodar un corto, el porno amateur no se rueda por querer hacer cine, por malo que sea, sino para que la gente te vea (y, si puede ser, para ganar unos duros), pervirtiendo de inicio lo poco de cine qué pueda haber en estas producciones de andar por casa. La falta de arte para la iluminación, las carnes flácidas, las grasillas, la falta de depilación y la ausencia de maquilladores profesionales hacen el resto. Quien rueda una peli guarra amateur debería preguntarse por qué 9 de cada 10 cortometrajes amateur se hacen sobre zombis.

Es por eso que opino que a nadie en su sano juicio puede gustarle de verdad el porno amateur. Es como cuando a alguien el cine que más le gusta son los cortos estilo “Hijomoto contra los zombies radiactivos“, reconozco que en un momento dado, y con la suficiente gente alrededor -o alcohol en las venas-, puede ser divertido su visionado, pero quien se encierra en la soledad de su hogar a tragarse de contínuo películas de este estilo no puede ser clasificado nada más que como un perturbado de la peor calaña, y ya sabéis que uno reconoce a los de su estirpe.

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