4.Ene.2010 | Publicado por lqmsdmc en Cine, Colaboraciones
Nuestro amigo ilariel vuelve a aportar su granito de arena -podías tomar ejemplo, que somos demasiado vagos para escribir siempre nosotros…- escribiendo una nueva colaboración acerca de un tema tan poco candente como el resto de los tratados aquí:
Hace poco habéis puesto por hache un post acerca de la traducción de los títulos de las películas, pero creo que el señor Syd Barredo debería haber entrado mas allá aun y preguntarse, además del porque de esas absurdas traducciones de algunos títulos, ¿por qué coño se siguen doblando las películas extranjeras en España?
Antes de nada quiero aclarar que ni siquiera pretendo entrar a discutir si los profesionales del doblaje en España son buenos o malos-he puesto profesionales, eso ya excluye a Dani Martín, Emilio Aragón, la pareja de Cruz y Raya, etc, etc… -, es más, admito que los hay verdaderamente buenos y me salto directamente esta parte del debate. Pero que queréis que os diga, que la misma voz pase de ser un sucio McClane arrastrándose por los conductos del aire acondicionado a un irrepetible -hasta el burro de la fabula de Iriarte consiguió arrancarle música a la flauta- Kevin Costner bailando con lobos es bastante lamentable. Y si ahora llegas a casa y, no sabes muy bien si es Bruce o si es Kevin, te quiere vender 10 DVDs de la segunda guerra mundial, la rematamos.
Ahora que tan de moda esta el tema de la memoria histórica y viendo en España un extraño deseo de hacer desaparecer de los libros 40 años de historia porque el protagonista no era el adecuado quiero recordar algo: El doblaje en España se normalizo en una ley del gobierno de Franco allá por el año 1941, esa ley estaba basada en la Ley de la Defensa del Idioma de Mussolini. El sentido de esta ley era ni mas ni menos que fomentar un nacionalismo a través de la identidad del idioma y asegurarse un filtro donde poder censurar aquello que no fuese oportuno. Si a esto le sumamos el efecto secundario de la reducción de costes de las películas en los cines -Lo que, “evidentemente”, supondrá una reducción del precio de la película para el espectador-, creo entonces que es justo proponer que hagan lo mismo con el doblaje que con los nombres de las calles: que desaparezca y sea borrado de la mente del populacho.
Eso es lo que me saca de mis casillas, que sigan doblando las películas en España.
Interesante argumentación, querido ilariel, y desde luego cualquiera de nosotros está hasta las narices de que Ramón Langa haya puesto la voz a el 50% de los protagonistas de las películas de La 1, pero te olvidas de una cosa seguramente bastante importante, que es que si no las traducen, no se entienden. Spain is different!
Cierto es … aun resuena en mis oidos una lapidaria frase de un compañero de trabajo de unos 3X:
“¿Y para que necesitamos los españoles hablar ingles, si en todo el mundo se habla español?”
En fin, directos al abismo de la ignorancia. Pero para eso se crearon los subtitulos. Ademas, las peliculas en V.O. fomentarian el aprendizaje generalizado de un segundo idioma.
Sí, pero el saber y el arte no deben de influir en el entretenimiento y el tiempo libre de cada uno. Entiendo más o menos bien el inglés, puedo tragarme una conferencia de dos horas sin demasiados problemas, pero cuando tengo un rato para descansar, prefiero hacerlo tranquilamente y, desde luego, tener que estar leyendo subtítulos o traduciendo, no ayuda demasiado a pasárselo bien… Sí, yo soy de los que espera a que los capítulos de Perdidos salgan en castellano.
Trailer del documental sobre doblaje “Voces en Imágenes”:
http://www.youtube.com/watch?v=7cZFMfXUj6E
Mi corazoncito está dividido en este asunto, por una parte me gusta que una película se doble para poder verla sin tener que estar atento al más mínimo derrote en el acento de los protagonistas que me haga perder el hilo de lo que cuentan, por otro lado, las traducciones de las películas en este país tienden a producir monstruosidades como la de “Infierno de cobardes”, cuyo doblaje al castellano cambia completamente el sentido de la película.
No sabría decantarme